Mi primer 8M en Guatemala: El placer como la revolución olvidada

Por: Karla Tercero – CEO de Pussy Power

Mi última marcha feminista fue en Nicaragua, en aquel 2018 que nos cambió la vida a todas. Después de años de silencio forzado por el contexto político de mi país, este 8 de marzo finalmente volví a las calles.

Vivir mi primer 8M en Guatemala no fue solo un reencuentro con el activismo; fue el descubrimiento de un nuevo hogar. Gracias a la sororidad de @La_creatura.gt, no caminé sola. Caminé con la emoción de quien recupera una voz que creía perdida, recorriendo desde la Corte Suprema de Justicia hasta el Palacio Nacional.

Un mar de demandas y una ausencia que me asombró

El trayecto fue vibrante. Vi arte, juventud, madres e hijas reclamando justicia por los femicidios, menstruación digna, aborto seguro y libertad para Palestina. Incluso me sorprendió gratamente ver al Departamento de Equidad de Género de la Policía Nacional informando sobre violencia digital, un avance que aplaudo de pie.

Sin embargo, mientras empapelaba postes y sostenía mi pancarta, me di cuenta de algo que me dejó en shock: entre tantas consignas necesarias, nadie reclamaba el cuerpo, el placer, el gozo o el autoconocimiento como territorio de lucha.

Como feministas, a menudo se nos va la vida luchando contra el sistema exterior, olvidando que el sistema también vive en nuestras inseguridades, en nuestra falta de límites y en el descuido de nuestra propia energía.

La Revolución Inicia en la Cuerpa

  • Decir «no» es un acto político de soberanía.
  • Escuchar nuestro ciclo es rescatar sabiduría ancestral.
  • Habitar nuestro placer es romper las reglas de un sistema que nos quiere desconectadas.

Cuando te adueñas de tu deseo y de tu fuerza, te vuelves imparable. El sistema se debilita cuando dejamos de ser «funcionales» para otros y empezamos a ser fieles a nosotras mismas.

Seguir caminando desde la trinchera del placer

Fue un alivio encontrar al final del camino a organizaciones como Incide Joven, recordándonos que los derechos sexuales y reproductivos son la base de nuestra libertad.

Gracias, Guatemala, por devolverme el derecho a marchar. Me llevo la sonrisa de las mujeres que se atrevieron a leer mi mensaje y la convicción de que en Pussy Power estamos en la trinchera correcta. Seguimos trabajando para que el placer no sea una nota al pie de página, sino el encabezado de nuestra liberación.

¿Y vos? ¿Ya empezaste la revolución en tu propio territorio?

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