Cómo mi «Balita» se convirtió en mi camino hacia la Libertad
Por: Karla Tercero – CEO de Pussy Power
Aquél día tomé la Balita vibradora con desconfianza. Me preguntaba cómo algo tan pequeño iba a producirme placer. Sin saber siquiera cómo utilizarlo, lo acerqué a mi cuerpo y el resultado no fue el más agradable.
Había una parte de mi vulva, específicamente el glande del clítoris, que estaba tan sensible que no soportó la potente vibración de aquel juguete. Molesta y frustrada, decidí no intentarlo más.

Dato Científico: El clítoris tiene más de 8,000 terminaciones nerviosas concentradas en su glande (la punta visible). Una vibración directa y potente en un tejido que no está previamente estimulado puede causar hipersensibilidad o dolor, un fenómeno conocido como «sobreestimulación sensorial».
En una segunda ocasión, impulsada por la curiosidad de aquella reacción y confundida por las reseñas positivas, me propuse hacerlo mejor. Esta vez, apliqué la regla de oro de la educación sexual:
- Cargué la Balita: Me aseguré de que tuviera la potencia adecuada.
- Exploré los niveles: Entendí que el placer es un gradiente, no un interruptor de encendido/apagado.
- Compré un lubricante: > Dato Científico: El uso de lubricante a base de agua reduce la fricción mecánica, permitiendo que las vibraciones se transmitan de forma más profunda a los pilares y bulbos internos del clítoris, que se extienden hasta 9-12 cm dentro del cuerpo.
- Elegí privacidad: Creé un entorno seguro para que mi sistema nervioso pasara del estado de alerta al de relajación (sistema parasimpático), indispensable para el orgasmo.

Fui poco a poco explorando las sensaciones en mi vulva hasta llegar al famoso e ignorado clítoris. ¡Lo logré! Mi primer orgasmo: el más increíble de todos en términos de placer e intensidad.
Hoy puedo decir que más allá del placer, ese primer orgasmo representó mi camino a la libertad.
Descubrir mi respuesta sexual me dio autonomía. Antes, buscaba el placer de forma externa, casi como una petición; ahora, me relaciono desde la alegría de compartir mi placer, no de pedirlo.
Aprendí sobre mi anatomía: que el placer no es un accidente, sino una respuesta fisiológica que puedo masterizar. Aprendí que soy dueña de mi cuerpo: y que mi satisfacción es mi responsabilidad y mi derecho.

Toda esa enseñanza me llevó a crear Pussy Power. Un espacio que busca que tú, y todas las mujeres en Guatemala, liberen su potencial, se adueñen de sus cuerpos y tomen decisiones informadas sobre su bienestar.